EL CUMPLEPÉTALO: KIMONOS, OLLAS PODRIDAS Y DADOS ENDEMONIADOS (by MIKIPUCHA)

Qué y eso?  Pues anda que tú… el sabadete dernier (sí, esto lo digo en gabacho y con la boinica ladeada para hacer ya ambiente de  veraneo) encaminamos nuestras esbeltas figuras hacia el loft que se esconde tras el andamiaje para que Pétalo nos llenara el buche a tutiplén con motivo de su onomástica, acaecida días ha.  Mientras los chiquillos le daban al balompié de la PlayWifiNintendoAtari y el menda intentaba desatascar lo indesatascable (sigo en ello, oyes), la anfitriona peleaba con las cacerolas para penetrarnos las ricas viandas.  Si la cosa empezó muy bien con la fideuá niger aliñada con cementaco portland del güeno, continuamos con el pescadico francamente, dos platos preludio del postraco, que resultó entre excelente y obra maestra (desde aquí damos las gracias tanto a la chef  Toña como a su pinche petalera).  A los postres, los regalicos: cafeteraka de disaing para los muy cafeteros y batica chinorri para los momentos más sepsis (anda maña, que no te hemos puesto fácil el disfraz de Carnavales de este año ni ná, véase foto adjunta).

En fin, tan bien me sentó la cenaca que decidí celebrarlo tirando unos cuantos petardos desde el balcón, que ríete tú de la Mascletá, che.  Mientras le cambiaba el tono a la recién pintada fachada con unas sutiles tonalidades fosforitopedorras, comenzamos a darle al Party, un juego de muchas risas y entretenimiento para compartir con familia, amigos y otras relaciones sociales.  Reincorporado a la mesa me apercibí de varias cosas: las clases nocturnas de dibujo al carboncillo que el Banquetas le regaló a su espoza han dado escaso y/o nulo resultado; mi mano izquierda, aparte de sus habilidades onanísticas, se ha revelado como gran tiradora de dadukis; y empezaba a oler mal… muy mal.  Sí, amiguitos, enseguida me llegó a las pituitarias un aroma entre nauseabundo e infecto.  Al principio me hice una inclinación de cabezón hacia abajo, para cerciorarme de que no había sido una flatulencia de las mías mal resuelta en la balconada… pero no. Aluego me apercibí de que aquel hedor inhumano venía de mi lado izquierdo, donde se encontraba Pétalo, pensando que tal vez en el esfuerzo de garabatear sus afamados personajes palico+chirimbolo, se le había escapado un pum de esos que ríete tu del Big Bang… pero tampoco.  Solamente cuando el Banquetas se acercó a los fogones para desarrollar una mímica ganadisco se nos reveló toda la verdad y nada más que la verdad: LA PEROLACA DEL FISH ESTABA MÁS CORROMPIDA QUE EL AYTO DE MARBELLA!  Sí amigos, el guisico con la calor del ambiente y el metesaca de la nevera había fermentado en cero coma a lo yogur griego con sabor cabrales.  Madre mía, maños.. qué desgracia más desgraciada… tener que tirar la merluza con lo güenisma que estaba… menos mal que solamente habían sobrado tres kilos, que Pétalo es una mujer de ajustar mucho las cantidades cuando cocina.  La mama, curtida en mil batallas culinarias, me dijo al jour siguiente que en estas ocasiones solamente debe sacarse de la fresquera la ración a consumir para que no pasen estas cosas, que el caldo de pescado es muy rabioso y traicionero, pero claro, yo le dije que con el triperismo que nos caracteriza mayormente es difícil calcular ello, oyes.

Total, una vez sacada la bomba fétida marinera al balcón (espacio convertido esa noche sin quererlo en aliviabufas), continuamos acumulando disquetes en el megáfono-gramófono… y el binomio Pétalo-Luser muy simpático, tú.  Solamente cuando nuestra querida Burbuja, doblada y escorada en el sofá por los dolores estomacales (ansiosa que eres, jamía, cenándote un puñaíco de fideuá y media gamba) dijo “hasta aquí puedo leer”, dimos por concluida la velada.  Después de depositar los residuos tóxicos en la basura y despedirme de la pareja del toldo, me penetré en la limusina que me condujo a la mansión familiar con una gran desazón en lo más jondo del cuore.  Sí, amigüitos, tengo una gran tristeza en mí, no solamente de ver cómo las horas pasadas frente a los fogones de nuestra Pétalo acabaron en un container distinto al zagal de la perillaca, si no porque me he dado cuenta de una cosa mu grave: EL BANQUETAS Y YO NO NOS ENTENDEMOS.  Y no pasaría de ser una simple anécdota el que no pille ni una mientras hacemos un jiji-jajá con el Party, pero es que ahora que se ha convertido en la persona que me va a hacer las sumicas trimestrales, me veo enchironado por estafa a la Hacienda Pública y convertido en juguete sexual del módulo 8 de Zuera…  ah, bueno, pues si eso ya me va bien.  En espera de que podamos resolver esto vía logopeda, aquí va un momento musical gracias a la señora de la que se disfrazó mi madre en la boda de la coja, nuestra simpar Carmen Sevilla, con una copla que el Banquetas, gran aficionado a las tonadilleras, desconocía absolutamente (otro chasco plus):

Amén.

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